Vehículo dotado de dos ruedas iguales, la trasera impulsada
por una transmisión de cadena accionada por pedales, cuyo uso se ha hecho casi
universal, ya sea con fines deportivos ya como medio de locomoción. Aprender a
servirse de ella requiere cierta habilidad: hay que guardar el equilibrio, lo
que no se logra hasta que, a base de práctica, se aprende a contrarrestar la
fuerza de la gravedad con la fuerza centrífuga y la inercia desarrolladas por
la bicicleta debido al impulso que se le da con los pedales.
Origen
Tuvo origen en un invento dado a conocer en Inglaterra, en 1818,
por el barón Drais de Sauerbronn, de nacionalidad alemana. El vehículo que éste
introdujo recibió el nombre de draisiana. Se trataba del perfeccionamiento del
invento de un fotógrafo francés, José Nicéforo Niepce, y es sin duda la
verdadera precursora de la bicicleta moderna. Las dos ruedas de la draisiana se
hallaban conectadas por una pieza de madera. El ciclista descansaba parte de su
peso en un soporte de madera que había delante, y avanzaba impulsándose en el
suelo alternadamente con ambos pies. Se guiaba el aparato con el manubrio de la
rueda delantera, que estaba provista de un eje en pivote. Era un artículo
costoso y, aunque se puso de moda entre las personas elegantes y amigas de
novedades, no estaba al alcance de las de recursos limitados.
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